sábado, 14 de junio de 2008

El tiempo de las aves




EL TIEMPO DE LAS AVES

Si el tiempo a veces se nos pasa volando es porque atraviesa el espacio anudado a las patas de los pájaros, igual que las promesas huyen atadas a las palomas mensajeras.

Hay horas de vuelo raso, que peinan las heridas con las alas, que se nos hacen más ligeras aunque son las más peligrosas: un error en la trayectoria significa estrellarse contra una sombra hueca o contra aquel pilar donde una vez imaginamos la torre del reloj.

Del mismo modo, hago aviones de papel con hojas de calendario y desde ellos puedo hacer recuento de los días de altos vuelos, que, a decir verdad, tampoco son muchos. He visto fuego en las alas, pero he visto también a Ícaro más rápido y más desesperado en la caída. Cuando has estado cerca del sol la ley de la gravedad suena como una cuenta atrás que no querrá coincidir con el cero.

Yo crío aves y crío años y los lanzo al aire a ver si vuelan o si flotan o si quedan a salvo de los hombres de brazos largos. Pero a veces tengo la sensación de que los pájaros se mantienen en el cielo y los años se me caen encima con todo su peso uniformemente acelerado. Otras veces, en cambio, diviso bandadas que emigran y emigran –siempre es invierno- y que el tiempo, mi tiempo, se va con ellos.

Javier López Alós
www.revistadefilosofia.com

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