Y en el séptimo sueño, despertó. Vio lo que había, comprendió el desorden y se tornó tan desconfiado que decidió permanecer para siempre con los ojos abiertos. El monstruo, que está siempre vigilante, no se cansa porque los átomos que lo componen sí pueden dormir y soñar soñar soñar muy profundo que Leviatán les protege del insomnio, de las pesadillas, de los despabilamientos delante del espejo… sin saber que siempre son los monstruos los que acechan.
Javier López Alós. http://www.revistadefilosofia.org/